9 oct 2008

LA SILLA DEL AMIGO


La hija de un hombre le pidió al pastor que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo.
Cuando el pastor llegó a la habitación, encontró a este pobre hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas.
Había una silla al lado de su cama, por lo que el pastor pensó que el hombre sabía que vendría a verlo.
- ¡Supongo que me estaba esperando!, le dijo.
- No, ¿Quién es usted? Dijo el hombre enfermo.
- Soy el pastor que su hija llamó para que orase con usted; cuando entré y noté la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo vendría a visitarlo.
- ¡Ah, sí, la silla…! ¿Le importa cerrar la puerta? Dijo el hombre enfermo.
El pastor sorprendido cerró la puerta. El hombre enfermo le dijo:
- Nunca le he dicho esto a nadie, pero toda mi vida la he pasado sin saber orar. Cuando he estado en la Iglesia escuché siempre con respecto a la oración, cómo se debe orar y los beneficios que trae… pero siempre esto de las oraciones…¡no sé…! Me entra por un oído y me sale por el otro. De todos modos no tengo idea de cómo hacerlo. Entonces… hace mucho tiempo abandoné por completo la oración.
Esto ha sido así en mí, hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo me dijo:
- José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús; así es como te sugiero que hagas… Te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente tuyo, luego con fe miras a Jesús sentado delante de ti. No es algo alocado el hacerlo, pues Él nos dijo: “Yo estaré siempre con vosotros”.
Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora.
- Es así que lo hice una vez y me gustó, y lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces. Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija… pues pensaría que estoy loco.
El pastor sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era algo muy bueno lo que venía haciendo, y que no dejara de hacerlo nunca. Luego hizo una oración con él, le extendió una bendición y se fue a su parroquia. Dos días después la hija de José llamó al pastor para decirle que su padre había fallecido. El pastor le preguntó: ¿Falleció en paz?
- Sí, cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me llamó y fui a verlo a su cama. Me dijo que me quería mucho y me dio un beso. Cuando regresé de hacer unas compras una hora más tarde, ya lo encontré muerto. Pero hay algo extraño con respecto a su muerte, pues aparentemente justo antes de morir, se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella; así lo encontré. ¿Qué cree usted que pueda significar esto?
El pastor profundamente conmovido, se secó las lágrimas de emoción y le respondió.
- ¡Ojalá que todos nos pudiésemos ir de esa manera
!

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